En una aldea donde los líderes agachan la cabeza ante su gente, en una aldea donde la gente pide explicaciones, en una aldea donde el pescadero, el herrero y el albañil piden la expulsión de un grupo de incompetentes, en una aldea donde el heraldo de cada día solo refleja la cantidad de mierda que rebosa del palanquín, en una aldea donde los viejos cuidan de los jóvenes, en una aldea donde el oro está escondido en los más recónditos parajes, en una aldea donde la verdad y la mentira han jugado a procrear, en una aldea donde la pócima mágica ha tenido el único efecto del hambre, los desahucios y las protestas, en una aldea así, solo queda una cosa... tan aterradora como absolutamente necesaria si nada cambia, si los jefes no se dan cuenta de que no están haciendo las cosas bien, si cuatro corbatas no entiendan que se piden sus cabezas en bandeja de plata, si los adinerados no comprenden que si somos país lo somos todos, que el egoísmo tiene el mismo límite que la vergüenza, que estamos hartos, que no sois nadie, que no nos representáis... Sorprendentemente ahora nadie ha votado al partido de la gaviota, pero en el fondo me alegro de que nadie lo admite, la vergüenza de haberlo hecho es suficiente para levantarse ahora y empujarlos, al mismo vacío donde nos tienen ellos encerrados, amordazados con falacias y escándalos que cada dos semanas parecen turnarse entre ellos, como meros cromos de fútbol, distrayéndonos del problema, del verdadero problema, de que, si todo sigue así... solo queda la revuelta.
dimecres, 27 de febrer del 2013
Delirios de un Galo I
-Estaba tan sola que jugaba con su reflejo al escondite. -¿Y quien ganaba, papá? -Nadie, siempre se escondía para no volver...
dissabte, 2 de febrer del 2013
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